Dolor agudo y crónico

El dolor ...! de cabeza, abdominal, muscular, articular ... Hay muchos tipos de dolor y cada persona lo vive de una manera diferente. El dolor es una percepción sensorial y emocional subjetiva y desagradable, más o menos intensa. Se trata, en definitiva, de una sensación provocada por nuestro sistema nervioso.

El dolor se puede clasificar según la duración en agudo o crónico y según su localización en concreta o difusa.

Un dolor agudo le indica que puede estar lesionado o tener un problema que necesita atención puntual inmediata. El dolor crónico es diferente: las señales del dolor crónico duran semanas, meses o incluso años. La causa puede haber sido una lesión o una infección.
El dolor osteo articular es uno de los síntomas más frecuentes en la población general y aumenta de forma directamente proporcional con la edad de los pacientes.
A pesar de esta alta incidencia, desconocemos el verdadero origen de la inflamación de los tejidos que rodean la articulación, aunque se relacionan con alteraciones del sistema inmunológico y se agrupan como enfermedades autoinmunes.

A lo largo de más de 25 años de experiencia hemos ido desarrollando técnicas basadas con la bioestimulación inmunológica local, mediante la infiltración de sustancias del grupo de las llamadas bioestimulines, que reducen la inflamación y consecuentemente el dolor de la zona tratada.

En los últimos años y después de varios procesos de investigación científica, la medicina regenerativa con las terapias celulares son las que nos ofrecen los mejores resultados.
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Se obtienen de tejidos vegetales o animales. Activa los procesos vitales de la piel y fortalece su consistencia. Favorecen la oxigenación de las células • células.
Entendemos la enfermedad como un conjunto de síntomas causados ​​por descompensación o desequilibrio de diferentes elementos moleculares y que en cada momento estos desequilibrios comprometen directamente la actividad cerebral a nivel hipofisario. Por lo tanto desde allí y con destino a todo el organismo, se llevan a cabo tareas de compensación.

Utilizando este mecanismo natural del organismo, los bioestimuladores son capaces de desencadenar una respuesta aguda para equilibrar el nivel sistémico mediante el estímulo hipofisario, y a todo este proceso lo llamamos bioestimulación. La respuesta que se genera con este tratamiento le confiere una notable inocuidad.

Es un tratamiento no invasivo, apropiado para optimizar y equilibrar el sistema inmunológico, sin riesgo y con mucha eficacia.

La aplicación de bioestimuladores pueden proporcionar efectos analgésicos, hemostáticos, antialérgicos, antiinflamatorios. Equilibra del sistema humoral y enzimático, potencializa la acción de antibióticos, equilibra el sistema neuro-vegetativo, sin efectos negativos locales o generales.

El sistema de actuación de la bioestimulación es completamente biológico y no invasivo, por lo tanto no depende de la actividad de fármacos y es perfectamente compatible con cualquier terapia o tratamiento, teniendo grandes éxitos cuando se administra con antibióticos, paliando la inmunodeficiencia que estos producen como efecto colateral y aumentando su eficacia de destrucción selectiva.
Las enfermedades autoinmunes son enfermedades crónicas y recidivantes, donde cada recurrencia conlleva el riesgo potencial de acumular daño irreversible. Producen una interferencia importante en la vida laboral y pueden ser fuente notoria de discapacidad y dependencia.

Nuestro sistema inmunológico nos protege contra las enfermedades y las infecciones. Pero, si tenemos una enfermedad autoinmune, nuestro sistema inmunológico ataca las células sanas de nuestro cuerpo por error. Las enfermedades autoinmunes pueden afectar muchas partes del organismo.

No se conocen las causas. Estas enfermedades tienden a ser hereditarias. Las mujeres presentan un mayor riesgo de padecerlas.

Hay más de ochenta tipos de estas enfermedades y algunas tienen síntomas similares. Esto dificulta que el médico sepa si realmente sufre de uno de estos trastornos y, en caso de sufrir, de cuál de ellos se trata. Obtener un diagnóstico puede resultar frustrante y estresante. En muchos casos, los primeros síntomas son fatiga, dolores musculares y fiebre más bien baja. Pero el síntoma clásico de una enfermedad autoinmune es la inflamación, que puede causar enrojecimiento, acaloramiento, dolor e hinchazón.

Las enfermedades también pueden hacerse más agudas, o sea que tiene momentos en que empeoran pero pueden también tener remisiones que es cuando los síntomas mejoran o desaparecen. El tratamiento depende de la enfermedad, pero en la mayoría de los casos, lo importante es reducir la inflamación.
La inflamación o edema es la forma de manifestarse de muchas enfermedades.

Es una respuesta del organismo ante cualquier agresión del medio, lesión o invasión de bacterias que sirve para dirigir ciertos mecanismos de defensa hacia el punto en el que se localiza el malestar. Mediante este fenómeno aumenta el aporte de sangre que permite que los glóbulos blancos traspasen los vasos sanguíneos y se dirijan a la zona afectada con más facilidad para destruir posibles microorganismos invasores.

La respuesta inflamatoria surge con el fin defensivo de aislar y destruir al agente nocivo, así como reparar el tejido dañado.
El dolor agudo se puede definir como un dolor de corta duración pero extremo, que surge rápidamente pero sólo dura un corto período de tiempo. El dolor agudo es un aviso del cuerpo de una lesión presente en un tejido o bien de una enfermedad.
Originalmente se definía el dolor crónico como aquel que duraba seis meses o más. Ahora se define como aquel que persiste más tiempo que el curso de tiempo asociado con un tipo particular de lesión.

A menudo es mucho más difícil de tratar que el dolor agudo.

No tratar el dolor agudo pertinentemente puede llevar a la aparición del dolor crónico.
Las enfermedades osteoarticulares son aquellas que afectan a los huesos, cartílagos, tendones y / o articulaciones, de manera temporal o permanente, lo que ocasiona discapacidad leve, moderada o severa. Requieren el diagnóstico de un profesional médico para su detección, tratamiento y prevención de secuelas y complicaciones.

Los síntomas típicos de las enfermedades osteoarticulares son el dolor y la limitación para la movilidad de las partes del cuerpo que están afectadas por la enfermedad, lo que ocasiona limitación para la realización de actividades cotidianas como caminar, subir y bajar escaleras, peinarse, vestirse, jugar, etc.

El dolor se origina principalmente en la sinovial y el hueso subcondral, pero los ligamentos, meniscos, músculos periarticulares, entesis y cápsula articular también son lugares de origen de dolor osteoarticular. Se debe recordar, que
la patogénesis del dolor puede variar de paciente a paciente, e inclusive en el mismo paciente, entre una visita y otra.